domingo, 21 de febrero de 2016

CONTRA LA AUSTERIDAD, POR UNA EUROPA DEMOCRÁTICA



Se ha celebrado este fin de semana en Madrid un conjunto de actividades reunidas bajo el lema “Por un Plan B para Europa”, cuyo manifiesto impulsor, entre los que se encontraban personalidades de distintos partidos políticos y fuerzas de la izquierda, junto con representantes de las candidaturas ciudadanas hoy en el gobierno de diversas ciudades, pensadores y teóricos de distintos ámbitos y activistas y militantes de movimientos sociales, decía lo siguiente : "En julio de 2015 asistimos a un Golpe de Estado financiero ejecutado desde la Unión Europea y sus Instituciones contra el Gobierno griego condenando a la población griega a seguir sufriendo las políticas de austeridad que ya habían rechazado en dos ocasiones a través de las urnas. Este golpe ha intensificado el debate sobre el poder de las instituciones de la Unión Europea, su incompatibilidad con la democracia y su papel como garante de los derechos básicos exigidos por los europeos". (…) "Queremos generar un espacio de confluencia en el que todas las personas, movimientos y organizaciones que nos oponemos a al modelo actual de Unión Europea y consensuar una agenda común de objetivos, proyectos y acciones, con el fin último de romper con el régimen de austeridad de la UE y democratizar radicalmente las Instituciones Europeas, poniéndolas al servicio de la ciudadanía".

Esta iniciativa ha sido importante por la cantidad de personas que ha podido concitar para que aportaran sus reflexiones a la cuestión central planteada, y ha resultado extremadamente oportuna al colocar a Europa en el centro de la reflexión y del debate político en un momento como el actual en el que los medios de comunicación y el interés de la opinión pública se hallan absorbidos por la cuestión de la formación del gobierno y la orientación del mismo, es decir, sobre cuestiones de interés predominantemente nacional e institucional.  Lo cierto es que la amenaza de “desintegración” de la Europa política y democrática está cada vez más presente, y que resulta patente la “deconstrucción” de su imagen como un espacio de libertad que permitía hablar de una cierta condición de ciudadanía común a todos los que componían la Unión.


La gestión de la crisis a través de un directorio económico-financiero con poderes de excepción que consigue la demolición progresiva de los marcos nacionales de garantía de los derechos sociales incluso al punto de modificar las constituciones de los mismos, ha conseguido que se implantara en estos ordenamientos internos de las naciones europeas una consideración del campo de los derechos como un obstáculo a la recuperación económica. Las libertades europeas ya son sólo las libertades de empresa y de circulación del capital, y la ciudadanía europea sucumbe frente a estas políticas de austeridad que llevan aparejada la inaplicación selectiva de determinados derechos fundamentales de carácter colectivo y social. El principio de igualdad de trato y la libre circulación de personas ha sido por último negada con la crisis de los refugiados y elevado a un principio de relación política con Gran Bretaña en el último acuerdo que se ha plasmado en la cumbre de Bruselas en la que se permite a este país discriminar a los europeos residentes en él y violentar la libre circulación de las personas. Europa, ciertamente, se desintegra en la medida en que se transforma en un espacio de discriminación y autoritarismo.


Pero la resistencia es amplia y se está organizando en una estrategia de geometría variable. Al margen de las diferentes formas de expresión políticas y sociales con las que se expresa en cada país, especialmente en los países sobre endeudados del sur de Europa, hay dos iniciativas convergentes que persiguen la creación de un amplio movimiento de contestación y de crítica a este estado de cosas. DIEM-25, por la democratización de Europa, cuya presentación en Berlín el 9 de febrero pasado significó el lanzamiento de un movimiento paneuropeo que debe echar raíces “en todas las ciudades y en todos las naciones” de Europa, como señala su impulsor Yanis Varoufakis. Y, en este fin de semana del 19 al 21 de febrero, en Madrid, el Plan B para Europa, que ha articulado una serie de foros, plenarias y talleres, en un intento de revivir en cierta forma las experiencias del Foro Social, como iniciativa diferente de la anterior, pero evidentemente confluyendo con la misma y compartiendo asimismo figuras y protagonistas.


En las decisiones finales del Plan B para Europa hay varios elementos que pronostican una acción organizada en un plazo más corto que los que marca el movimiento DIEM 25, puesto que los objetivos de uno y otro son diferentes. En este caso, la necesidad de plantear la desobediencia como eje de actuación política ante una dirección de Europa autoritaria y neoliberal que destruye el sueño de un espacio social y político-democrático común como elemento fundante y característico de la Unión de los europeos. En segundo término, la previsión de una acción conjunta, un día de protesta y de movilización en toda Europa frente a este estado de cosas que simbólicamente se ha fijado en el 28 de mayo, en coincidencia con la Comuna de Paris. En tercer lugar, posibilitar la coordinación reforzada de los países del Sur de Europa como un territorio político especialmente idóneo para las alternativas de progreso que buscan crear un bloque alineado en el interior de la Unión Europea que cuestione y corrija las políticas de austeridad e incline la balanza más allá de la hegemonía alemana acompañada de forma subordinada por el apoyo francés. En este sentido, Grecia, Portugal y España – en el caso de lograr aquí, como desea la mayoría de los votantes, un gobierno de progreso – podrían actuar también con Italia en la desactivación del problema de la deuda y la organización de una conferencia sobre este tema, como ha pedido asimismo Irlanda y contaría normalmente con el apoyo de otros ordenamientos europeos del Este.


DIEM – 25 se presenta en paralelo como un movimiento más amplio, que apuesta por la construcción de un demos europeo que permita traducir el ímpetu de la participación de la ciudadanía en la construcción de una Europa abierta, pluralista y social, en suma, que democratice Europa en el sentido más amplio de la expresión. No es un deseo genérico, que no encuentre una referencia temporal precisa. Pone ciertos plazos, una década para vencer la resistencia institucional al cambio democrático, hasta 2025. Después de ese momento, el proyecto europeo “se derrumbará bajo su arrogancia”, se llegará a un “punto de no retorno” y el resultado es una fragmentación y ruptura de ese espacio integrado con problemas muy importantes de ámbito económico, geoestratégico e ideológico.


La reflexión por tanto sobre el movimiento por la democracia en Europa es el elemento que impulsa la coordinación de partidos, movimientos sociales y sindicatos, junto con personalidades relevantes, estudiosos y teóricos, profesionales y gentes de la cultura, en una lucha más allá del rechazo a las políticas de austeridad y a la gestión autoritaria y neoliberal de la crisis, con un proyecto de recomposición de Europa en torno a los derechos sociales y políticos que definen la idea de democracia. Es el momento de insertar este objetivo entre las prioridades de la movilización social, ampliar y visibilizar su existencia y su “arranque”, ayudar a conformar en la opinión pública esta necesidad de reconducir el proyecto europeo hacia la politización democrática de las instituciones que lo definen, controlar la deriva autoritaria del capitalismo financiero e impedir el incremento exponencial de la desigualdad, el sufrimiento y la pobreza en tantos ciudadanos y ciudadanas de los pueblos que componen la Unión Europea, rediseñar una arquitectura institucional que esté al servicio de las personas y no contra las mismas.


Seguiremos atentamente las evoluciones de estos planes, de estos movimientos.




En la foto de inicio, Varoufakis hablando con Mélenchon y en un extremo Lafontaine, acudiendo al acto de presentación del Plan B, el viernes 19 por la tarde, en el Matadero de Madrid. En la foto del final, en el Foro número 4, Mónica Oltra, los alcaldes de Pamplona / Iruña y Zaragoza, Alberto Garzón y Gerardo Pisarello, el sábado 20 de febrero, a las ocho y media de la noche (el último acto antes del mitin del domingo 21).

Se han pronunciado los tribunales españoles sobre el dumping social de RYANAIR a propósito de un caso de impago de la prestación de IT. Puede consultarse en el blog hermano Ciudad Nativa  RYANAIR CONDENADA EN ESPAÑA, con una nota de Mariona Castellano y Jesús Martínez, abogados de la CONC.

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